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Una palabra rescatada del castellano medieval, con siglos de historia y una batalla olvidada entre emperadores y papas.
La Iglesia en el castellano de los orígenes.
Antes de que la voz popular impusiera «iglesia», los primeros textos en castellano nombraban a la Iglesia como Eclesia, heredando directamente el latín. Era la palabra de los monjes y los escribas, la de los hombres que pusieron por escrito el idioma que hoy hablamos.
«Era sancta ecclesia por él illuminada / catabalo por padre la gent desconseiada.»
— Gonzalo de Berceo, Santo Domingo de Silos · siglo XIII. Primer poeta de nombre conocido en lengua castellana
El insulto que reveló una lealtad.
Durante los siglos XI y XII, el Sacro Imperio Romano Germánico y el Papado libraron una guerra sin cuartel por el control de Europa. No siempre a espada: también con palabras. Quienes tomaban partido por el Papa eran llamados eclesianos por sus rivales imperiales, como insulto, como descrédito.
«Eclesianos, llamaron antiguamente á los que quando habia algun disturbio entre el Papa, y el Emperador, seguian el partido del Sumo Pontifice, y era nombre que daban como por desprecio, á la manera que ahora dán los Herejes el de Papista al que sigue la verdadera Relijion Rom.»
— Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano · 1786
Eclesia no es solo un nombre antiguo: es el alma de lo que construimos. Una palabra que lleva en sí el peso de la comunidad, la lealtad y la fe. En Kora la recuperamos para nombrar algo que también nace del compromiso con la Iglesia y con quienes la forman.